LEYENDA DE CAYAMBE

LA PUERTA DE PUNTIATSIL
Los primitivos cayambis guardaban en su memoria esta curiosa leyenda: Al pie de la colina de Puntiatsil los pastores podían ver, de vez en cuando, un socavón estrecho, por cuyo cauce escapaba al exterior cierto asomo de agua para el bebedero de los animales. Aquel hueco estaba cubierto por el ramaje de chilcas y saúcos robustos. A la salida había un pequeño prado gramoso. Por ese horaden entraba uno que otro pastor llevado por la curiosidad. Poco a poco hacia adentro se ensanchaba el camino. A unos cuantos metros estaba durmiendo, a las 12 del día, un perro guardián de oscuro pelaje. El pastor que un día entró por allí, burlo el obstáculo del perro. El camino iba iluminándose mientras se adentraba más y más. Luego de un buen trecho se encontró con un patio en el cual apareció, como sacado al sol, una porción de grandes mazorcas de maíz. El chico se dio cuenta de que ese patio estaba delante de un templo maravilloso, todo de oro. Cuando salió regresó con la muestra de dos mazorcas a su casa, en la que a los ojos de sus familiares se convirtieron en brillantes pepas de oro, de cuya venta los felices poseedores pudieron vivir cómodamente durante el resto de sus días. La fama de aquel suceso despertó la ambición de otros nativos, que al entrar allí, burlando la vigilancia del perro, y luego de salir con numerosas mazorcas de maíz, afuera éstas se convirtieron en simples tusas vacías. Se cuenta que posteriormente, algunos entraron motivados por las mazorcas de oro. El hueco, a la salida, se les cerraba, y ellos se quedaron allí para siempre. Dicen que otra ocasión, un hombre buscador de tesoros ingresó por la puerta de Puntiatsil. Pasó más allá del templo enterrado. El camino iluminado lo llevó lejos hasta que dé con una salida distinta. Afuera ya, el hombre se percató de haber cruzado toda la cordillera central de los Andes, hacia el lado del oriente del nevado Cayambe, pero él, es decir el buscador de tesoros, había envejecido. La colina de Puntiatsil, en cuya cima dicen los historiadores que los cayambis construyeron un templo de oro dedicado a su dios sol, se halla a pocas cuadras y al oriente del Parque Central de la ciudad de Cayambe. Las paredes del templo estaban cubiertas ("empañetadas") de oro. El señor Sebastián Moyano, fundador español de Quito, autorizó el desmantelamiento de tales paredes, para que el oro convertido en barras fuese transportado a España

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